miércoles, 15 de septiembre de 2010

Las organizaciones sociales de la Comuna 13 bajo el fuego cruzado


Una buseta verde con un letrero que dice La Caseta sale cada 20 minutos desde la estación de metro de San Javier hacia la cancha sintética del sector de Terrígeno en el barrio El Salado de la Comuna 13 de Medellín.

El recorrido no se demora más de diez minutos y termina a pocas cuadras de la casa que sirve como sede de la Junta de Acción Comunal (J.A.C.).

Al otro lado del barrio, los carros llegan solo hasta la parte baja en el límite entre El Salado y el 20 de Julio, en ese punto termina la carretera y comienzan las escaleras y los caminos que conducen hacia la escuela y terminan, luego de casi una hora de recorrido, en la misma cancha a donde llega la buseta.

Si se toma ese camino, en los primeros cinco minutos comienzan las dudas sobre la razón por la cual no se preguntó antes si esa era la mejor forma de llegar al barrio. Después de cuarenta minutos de escalas y de conocer la existencia de la buseta verde, la respuesta a esa pregunta resulta obvia.

Un niño sin camisa y dos niñas un poco mayores con trenzas en el pelo, suben corriendo y se esconden en las columnas de una de las casas de puertas abiertas desde donde se escucha salsa y vallenato romántico para toda la cuadra.

En la calle, la música se mezcla pero la gente no, varios murales hablan de un barrio sin fronteras y de los pactos de convivencia, que ahora únicamente son pintura en las paredes.

El Salado es uno de los barrios con más población negra en esa zona de la ciudad,la gran mayoría de ellos han sido víctimas de desplazamiento. No poseen una inserción real en la dinámica de la Comuna y sus organizaciones requieren ser fortalecidas”, según señala el Plan de Desarrollo de la Comuna 13.

La falta de participación de algunas comunidades es otra forma de aislamiento, las fronteras se crean aunque en este caso no son impuestas de forma directa por el conflicto armado de la zona.

Para Wilson Velásquez, Coordinador de Juventudes y Cultura de la J.A.C. de El Salado, los altos índices de desplazamiento obligan a las organizaciones sociales del sector a enfocar la mayoría de sus esfuerzos en la atención alimentaria y en programas de escolarización para la población más vulnerable.

Ese trabajo que desarrollan las organizaciones comunitarias de los 19 barrios de la Comuna, se ha visto afectado por las condiciones que impone la guerra debido a la escalada violenta de los últimos meses en esa zona de la ciudad.

Jairo Herrán Vargas, Personero de Medellín asegura que muchos de los líderes de la Comuna se han acercado a la entidad para denunciar amenazas e intimidaciones en su contra.

Debido a la presión de los grupos armados, las organizaciones comunitarias han tenido que acudir a estrategias que les permitan desarrollar su trabajo en medio de la guerra: “tienen que navegar de una manera muy fina, con mucho cuidado porque definitivamente lo que defienden los líderes comunitarios que es la integración de las comunidades, las actividades sociales, la superación, eso va en contravía de los intereses de las agrupaciones ilegales que necesitan que la situación sea caótica”

Durante los últimos meses 12 líderes de la Comuna 13 tuvieron que desplazarse del sector e incluso de la ciudad debido a las amenazas que recibieron como consecuencia directa del trabajo que desempeñaban en sus comunidades.

A esto se suma el homicidio durante los últimos meses de tres miembros de las organizaciones artísticas del sector que han insistido en la necesidad de transformar el arte en un instrumento para “quitarle jóvenes a la guerra”.

En agosto de 2009 fue asesinado Hector Pacheco, líder cultural del barrio Eduardo Santos, más adelante en julio de 2010 el asesinato de Andrés Felipe Medina, miembro de la corporación Son Batá, encendió las alarmas frente a una posible persecución de las estructuras criminales hacia la corriente artística de la Comuna.

En esa ocasión la Personería llamó la atención sobre el tema y expuso la problemática de derechos humanos que afrontan las organizaciones sociales mediante un boletín de prensa publicado el 13 de julio.

La lista la cerró Marcelo Pimienta, miembro de la red de hip hop La Élite y quien fue asesinado el 5 de agostó en el barrio La Floresta

Giovanni Tabares de la J.A.C. del barrio Metropolitano asegura que a pesar de la relativa calma que se ha vivido durante los últimos días, en muchas ocasiones deben adelantar sus reuniones por fuera de la Comuna debido a la presión de los grupos delincuenciales.

“El trabajo de nuestros líderes está siendo diezmado por las amenazas, por la toma de algunos puntos de encuentro de nuestra ciudadanía a donde nos reuníamos constantemente a mirar de qué forma contribuíamos con el avance de la no violencia” asegura Tabares quien además es el delegado de su barrio ante Asocomuna 13, organización que agrupa a las Juntas de Acción Comunal de la zona.

Las garantías que ofrece el gobierno local para que las organizaciones adelanten sus actividades en el sector, se reducen según Tabares al acompañamiento policial, medida que no considera una solución viable para la problemática que afrontan.

Pablo Emilio Angarita, es investigador del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia y coautor del libro Dinámicas de guerra y construcción de paz, donde se aborda la problemática de conflicto en la Comuna 13 incluyendo la situación de las organizaciones sociales.

Desde su punto de vista, los líderes comunitarios se han visto en la obligación de someterse a los poderes hegemónicos que imponen el orden dentro de las comunidades debido a que se ha creado una “sociedad de la sospecha” donde en cualquier momento alguien puede ser acusado de pertenecer a uno de los bandos en disputa.

Esas condiciones han llevado a los líderes comunitarios a adquirir “cierta destreza de sobrevivencia”, de esa forma su único recurso consiste en aparentar que se encuentran del lado de quienes controlan sus sectores.

Esa misma lógica, según el profesor Angarita, arroja como consecuencia la formación en las comunidades de discursos muy similares a los que se originan en los gobiernos locales, y que actúan como medida de protección frente a la amenaza que constituye situarse en contra de los grupos armados y a la vez de la oficialidad.

***

La Magia del Saber es un grupo de la tercera edad de la Comuna, les pidieron que fueran a la iglesia de San Javier para una reunión con el Alcalde Alonso Salazar y se encontraron con una marcha para rechazar la violencia.

En el atrio se formó una fila para reclamar una de las camisetas con el lema “Sin armas la vida es otro cuento” que entregaba un funcionario de la Alcaldía de Medellín.

-¿Pero si van para la marcha?

- Claro, pues como, yo no meto mentiras

Muy cerca el Secretario de Gobierno Juan Felipe Palau, decía que la Alcaldía estaba “acompañando a la sociedad civil que por iniciativa propia está haciendo una movilización rechazando la violencia y la delincuencia”.

Antes de comenzar la marcha, que insisten, fue convocada por la sociedad civil, se hizo necesario esperar la presencia del Alcalde quien la encabezó de principió a fin.

La marcha terminó y nunca se hizo una reunión con los grupos de la tercera edad pero como dijo una señora canosa, con sudadera y con víscera blanca, por lo menos les tocó camiseta.




Giovanni Tabares
Líder comunitario barrio Metropolitano






Jairo Herrán Vargas
Personero de Medellín





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