Medellín se planificó como Dios manda, alrededor de la parroquia, con el devocionario en la mano y con los ánimos reproductivos puestos en la tarea sagrada de extender eternamente la feligresía para enfrentar el pecado.
La ciudad creció desde el Parque de Berrío, que antes de que le robaran el nombre para ponerle el apellido de un tipo encorbatado, tenía el honor de llamarse Plaza Principal y de recibir a los parroquianos morbosos que veían las ejecuciones de los presos malditos frente a la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria.
La plaza principal, como ya no queda ninguna en este pueblo que se estiró sin medirse y con Síndrome de Down, era el paso obligado para los que atravesaban la Villa de oriente a occidente para treparse luego por los caminos hacia Santa Fe.
Con los poblados de Belén y La América, que fueron los primeros en establecerse en el Occidente, nacieron tiempo después nuevos proyectos de urbanización que buscaban el desarrollo de una ciudad que apenas comenzaba a cruzar el río hacia los terrenos pantanosos de Otra Banda.
Laureles se desarrolló a partir de un parque circular que rompió los esquemas de construcción reticular propios de la nostalgia por los modelos de la colonia. Con las circulares y trasversales también surgió una nueva forma de interpretar el espacio desde una concepción colectiva del hábitat que poco había sido tenida en cuenta en los procesos de urbanización previos.
El arquitecto Jorge Ramírez, es el presidente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal de la comuna 11, Laureles Estadio, para él la identidad del urbanismo de Medellín se transformó con la obra de Pedro Nel Gómez: “las leyes de indias que eran como la matemática de las ciudades se transformaron porque otra persona 250 años después, impone otros cánones, hace ver que el genio de la arquitectura y el urbanismo es inmensamente creativo y que el crecimiento de las ciudades y el manejo del espacio público puede ser equilibrado.”
Como ocurrió con el trazado del barrio Laureles, los proyectos adelantados por Pedro Nel Gómez se transformaron en referencia obligada para las transformaciones arquitectónicas que viviría la ciudad en parte obligada por la expansión demográfica y la ocupación de nuevos espacios.
De esa manera surgió el proyecto del barrio San Javier que fue contratado, igual que el barrio Laureles, por la Cooperativa de Empleados con el objetivo de ofrecer nuevas posibilidades de habitación que se distanciaran de los modelos clásicos que no tenían en cuenta el espacio público como elemento esencial dentro de los esquemas residenciales.
Para Gilma Alzate, bibliotecaria de la Casa Museo Pedro Nel Gómez donde se reúne la mayor cantidad de documentación sobre los proyectos arquitectónicos y urbanísticos que fueron desarrollados en su mayoría entre las décadas de 1930 y 1950, la obra arquitectónica de Pedro Nel Gómez “marcó el desarrollo de la ciudad” sobre todo porque elaboró sus proyectos “a partir del hombre que iba a habitar los espacios”.
Para Diego León Arango, director del Museo Universitario de la Universidad de Antioquia, aunque Pedro Nel Gómez, no tuvo una influencia tan marcada en la arquitectura como en las artes plásticas, fue relevante en el contexto de una ciudad con una limitación de espacio que ha generado que el patrimonio se pierda por la necesidad de aprovechar los suelos para usos mas intensivos.
Esos nuevos escenarios tuvieron su origen en una visión que acoplaba las condiciones topográficas propias de la ciudad a las características de una arquitectura influenciada por los modelos de construcción que Pedro Nel Gómez conoció de cerca en Europa.
De esa forma se configuró la necesidad de una arquitectura marcada por un “matiz colombiano” que respondiera a las necesidades de habitación particulares, en oposición a lo que ocurría según el propio Pedro Nel Gómez quien aseguraba que “obras de verdadera importancia artística y de un costo en realidad nada frecuente, se llevaron a la ejecución rápidamente quedando muchos aspectos de ellas sin estudiar y sin ningún análisis.”
Proyectos como el del Cementerio Universal y los edificios de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional, pensaron en la integración de espacios que respondían a destinaciones específicas con las dinámicas propias de la ciudad.
Por otra parte con Pedro Nel Gómez surgió el interés por relacionar la arquitectura con la pintura y la escultura para dar un sentido completo de intervención urbana de los proyectos, que mientras cumplían con funciones específicas, no descuidaban lo estético como principio básico en su ejecución.
Según la arquitecta Gloria Puerta de la Dirección de Planeación de la Universidad Nacional, la obra de Pedro Nel Gómez en la Facultad de Minas “hizo un sistema de ascenso hacia el espacio y una reflexión sobre el quehacer académico materializado en lo arquitectónico y lo urbano”.
De regreso a La Candelaria
Muy cerca de la Plaza Principal, en la iglesia de La Veracruz, se estableció el primer cementerio para los forasteros que llegaban a morirse de aburrimiento o de cualquier mal horroroso en las tierras inhóspitas del cacique Aburrá.
El edificio donde hoy funciona el Museo de Antioquia a metros de la iglesia, las putas y los vigilantes de las convivir, fue fundado como Palacio Municipal de Medellín en 1937. El proyecto se adelantó gracias a los buenos oficios del Concejo que abrió una convocatoria pública, para seleccionar por medio de un concurso, los diseños del edificio que pondría a la municipalidad, el resguardo ético y moral de la ciudad, a las puertas de la modernidad.
Poco después, como si se tratara de un culto solidario hacia la virgen y su eterna condición, los alrededores de la iglesia se poblaron de mujeres que llegaron para atender calenturas corporales con el ejercicio profesional de los artes amatorios.
Muy cerca nació El Espectador y en el lugar que hoy ocupa la Casa del Encuentro con un Prometeo de Arenas Betancur trepado en la pared, estuvo durante algún tiempo la Casa de la Moneda del Banco de la República. Mejor dicho, en La Veracruz de antes, donde no estaban las putas, los gamines ni los paracos, se hacía plata y trabajaba gente decente.
Dentro del jurado del concurso que finalmente eligió los diseños propuestos por Martín Rodríguez, se encontraba Pedro Nel Gómez, quien ya era reconocido en la ciudad por sus actividades como artista plástico, arquitecto y urbanista, él mismo fue el encargado de la decoración interior del edificio incluyendo el despacho del emisario de la Santísima Trinidad para determinar los destinos de los impíos.
A principios de la década de 1950 el nuevo inquilino del Palacio Municipal, el alcalde José María Bernal, ordenó cubrir los frescos de Pedro Nel Gómez para garantizar la comodidad moral de las visitas a su despacho.
El corresponsal en Medellín del periódico Vanguardia Liberal de Bucaramanga en su edición del dos de septiembre de 1950, registró así la noticia:
“El alcalde manifestó a este corresponsal que aducía para ello tres razones: que el detonante colorido de los cuadros perturbaba constantemente el trabajo en su oficina, distrayendo la atención de sus subalternos y por lo tanto quitando rendimiento; que el tipo de desnudo que ofrecen los frescos no agrada a todo el mundo y por último que son desnudos demasiado bruscos. Además, dijo, a la alcaldía va toda clase de personas: señoras, señoritas, niños y sacerdotes, quienes se sienten heridos ante tales pinturas. Agregó el burgomaestre: ‘hasta para la conveniencia de los murales es oportuno taparlos’.”
El alcalde Bernal, por supuesto, jamás viviría en Laureles no solo por su falta de afinidad con la obra de Pedro Nel Gómez, sino porque no fue fácil comprender para la población medellinense, que apareciera algo diferente a las calles y las carreras.
Vista aérea Segundo Parque de Laureles
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Pedro Nel Gómez regresó de Europa en los años 20 cuando apenas comenzaba el proyecto de modernización de la ciudad, por esa razón fue testigo de sus transformaciones y sus necesidades que quedaron expuestas en sus trabajos de urbanismo.
En efecto, su obra, 20 años después no fue de fácil entendimiento, así lo registró El Colombiano: “En los primeros momentos de su llegada de Italia, sus teorías asombraron a la masa bovina, limitada dentro de sus modestas posibilidades mentales y satisfecha de tal condición.”

